Hace mucho tiempo, yo era un adolescente intrascendente que no sabía nada de la vida, mi concepto del amor y la amistad era risible, me asqueaba el sabor de la cerveza, no toleraba un trago de whisky y no fumaba.
Mis gustos musicales se basaban en cualquier cosa que estuviera en el top ten de MTV, pero siempre sentí que algo faltaba. Como esas veces cuando sientes una necesidad que te surge de lo más profundo, de saber que hay más allá de las montañas, así sentía yo ese vacío en mi vida. Un vacío musical.
Muchos años pasarían para que yo adoptara los gustos musicales que ahora tengo, y muchos más pasarán para que siga descubriendo cosas nuevas. Lo que más me fascina de la música es saber que mucho antes de que yo naciera, ya se había compuesto música que me habla directamente al corazón.
Fue una tarde nublada de sábado, hace ya muchos años, de esos sábados que no sabes que hacer o simplemente no quieres hacer nada, aún en compañía de amigos. Alguien sugirió poner música y nadie quería hacerse responsable de que música poner, de entre todo ese caos surgió un valiente, alguien con el don de saber cual era la música adecuada para una nublada tarde de sábado en otoño. Y así conocí a Miles Davis.
Genio.
Escuchar la trompeta de Miles Davis me sacudió, esa música era alimento para el alma, inmediatamente me transportó, me llevo a lugares en los que nunca he estado, a un pasado lejano que yo no pude haber vivido, a un camino nevoso en un bosque desconocido, a una noche en una playa en el Mediterráneo. Nada de lo que había escuchado antes me había preparado para Miles, pero como dicen, las cosas buenas llegan en el tiempo exacto.
A partir de ese día fui otro, me di cuenta de que hay que voltear hacia atrás e indagar que hubo en el mundo antes de que yo llegara, busqué tanta música de él como pude, conocerlo a él me llevó a conocer más músicos extraordinarios, me hizo desear haber vivido en esa época mágica y misteriosa de los primeros años del Birdland.
De su vida no sé mucho, es su música la que me interesa. Miles dejó este mundo cuando yo tenía 6 años, yo no supe de su existencia hasta muchos años después, me gusta pensar que tuvo una de las vidas más plenas e interesantes que le haya tocado vivir a un ser humano, tanto que aún sigue hablándole a esa parte de nuestro espíritu que a veces olvidamos, hasta que él con su trompeta nos obliga a recordar.
Save it for a rainy day.
Sergio.
2 comentarios:
BUENA¡!. E INTERESANTE.
Enhorabuena
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