martes, noviembre 30, 2010

Dulce Culpa

Venía en el camión del trabajo a la casa, cuando de repente se sube a pedir dinero uno de esos que supuestamente representa a algún centro de rehabilitación patito.

Después de saludar y pedir perdón por molestarnos, con ese tono golpeado que los caracteriza, se puso a repartir dulces, mientras decía una y otra vez que los dulces eran regalados. Yo, educadamente, rechacé su dulce regalado, un chavo al lado mío si se lo aceptó y no uno ni dos, eran como cinco.

Después del choro genérico de que gracias a Dios que lo salvó, a la ayuda del centro de rehabilitación equis y a la generosidad de nosotros los pasajeros del transporte público, pasó a nuestros lugares por la cooperación.

Yo busqué en mi bolsillo ya tenía listos los tres pesotes que le iba a dar, pero cuando el ex adicto llegó a mi lugar, el chavo que estaba a mi lado quiso regresárle los dulces y él muy seriamente le dijo que había sido un regalo. Se ofendió tanto que cuando yo hice el gesto de darle los tres pesos, se volteó y me ignoró, pero le doy el beneficio de la duda de que en realidad no me haya visto.

El ex adicto se bajó del camión, dejando atrás un silencio incómodo, volteé a ver al chavo que se quedó con los dulces en la mano, hizo un movimiento como de abrir un dulce y yo sonreí. Inmediatamente después cesó su intento de abrir el dulce, ahí comprendí que lo tenía a mi merced. Mientras yo siguiera a su lado, él no podría comerse un sólo dulce, ni siquiera abrirlo y mucho menos tirarlo.

Se le veía el nerviosismo en la mirada, mi sonrisa burlona tampoco ayudaba mucho. No lo disfruté tanto como hubiera querido porque ya me tocaba bajarme. Dudo mucho que se los coma, lo más seguro es que los tirará; pero en el caso de que sí se los coma no va a poder disimular el fuerte sabor a culpa que tendrán.


Serge.

miércoles, noviembre 24, 2010

Trolls de la vida real.

El pasado viernes fui a ver Harry Poter 7 parte 1. Más por curiosidad que por ganas. A este punto ya era más por ver como iban a arreglar la historia después de mutilarla en las partes 5 y 6 que realmente por fan.

La gente aún tiene la noción que las películas de Harry Potter son para niños, así que intencionalmente elegí una función a las 10:45 PM en versión en inglés con subtitulos en español, para minimizar el número de chiquillos enfadosos y sólo porque en este rancho ningún cine tenía la versión en RealD, sino fácil me metía a verla en 3D. Todo con el fin de evitar la presencia de niños.

Una vez en la sala, esperando a que empezara la función, veo que llega un grupo de unas cinco gordas y un hombre. Se sentaron justo una fila detrás de mí y desde el momento que se sentaron, empezaron con su plática. Yo no soy una persona paciente, usualmente mi nivel de tolerancia es de cero, pero supuse que conforme la película avanzara, se tranquilizarían.

No fue así.

Durante los 146 minutos que duró la película no se callaron, en especial la mujer sentada justo detrás de mí que parecía ser la "experta" en lo que a Harry Potter se refería y que los demás acudían a ella en caso de duda, muy a pesar de que, si seguían viendo la misma película les iba a contestar dicha pregunta. Esta mujer sentada detrás de mí, no tuvo ni siquiera la decencia de modular el tono de su voz, hablaba como si estuviera en su casa viendo la novela.

Yo no soy un cinéfilo pretencioso y mucho menos con una película como Harry Potter, entiendo en que hay momentos en que uno puede comentar la película, reirse de algún momento gracioso o simplemente hacer un ruido que no se puede evitar. Supuestamente uno va al cine a entretenerse y distraerse un rato, juro que salí de ahí mucho más estresado que de la oficina.

Esta situación se está volviendo cada vez más frecuente, gente arrogante sin ningún respeto hacia las demás personas que hablan, ya sea con otras personas o en el celular. No es nuevo para mí, sin embargo este grupo de gordas ha sido lo peor que me he encontrado hasta ahora, el hombre que iba con ellas incluso se quedó dormido por media hora y no dejaba de patear mi respaldo. Agotaron mi paciencia.

Sin perder el respeto para no darles más armas y que ellas terminaran haciéndose las victimas, me volteé, les interrumpí la plática pidiéndoles que por favor se callaran que ya tenían un buen rato platicando y que era molesto. No sólo no se callaron sino que empezaron a hacer comentarios acerca de mi "mal genio".

Escucharlas hablar, que me pateen el respaldo, incluso el hecho de reclamarles me quita tiempo para ponerle atención a lo que está pasando con la película, no tendría por que exigirles un comportamiento que se aprende en los primeros años de vida, el respeto hacia los demás, cada vez menos gente sabe como comportarse en un lugar público.

No entiendo como este tipo de personas creen que las reglas no se aplican a ellos, yo pagué el mismo precio por el boleto, eso no me da derecho a arruinarle la película a las demás personas, menos si se supone que son personas adultas, coherentes y sensatas.

Eran cosas bastante estúpidas, como comentar lo obvio, lo que está pasando en el momento, como si los demás estuviéramos ciegos y era su deber explicarnos lo que pasaba en la pantalla o intentar adivinar lo que pasaría en 30 segundos, todo esto acompañado con pláticas entre ellas y "pásame las palomitas" y "pásame el refresco". Todo esto en un tono de voz normal.

Personas como estás van a seguir existiendo mientras lo sigamos tolerando, y en este caso, eso fue lo que más me molesto. Es obvio que yo no era la única persona a quien molestaban, pude notar que unos chavos sentados la misma fila que yo estaban igual o más molestos que yo. Sin embargo, yo fui la única persona que se dirigió a ellas de frente para pedirles que por favor le bajaran a su chinga.

Tal vez por miedo, tal vez para evitar conflictos, pero nadie más hizo lo propio, muy a pesar de que estoy seguro, para ellos también era molesto. Como ya lo mencioné, todos pagamos la misma cantidad por entrar a la sala, nadie tiene más derecho que nadie y si alguien está incomodando a la mayoría, debería de pedirsele que se retire.

Una vez que terminó la película, salí a buscar a alguien de gerencia. Me encontré con un señor muy de traje, corbata y un distintivo del cine, le pregunté si se podía hacer algo en casos como esos. Lo primero que hizo fue preguntarme si no me cambié de lugar, a lo que le respondí que esa no era la idea, no tendría por que cambiarme de lugar, ellos tenían que callarse. El gerentazo me dijo que sólo si dos personas o más se quejaban, entonces se les pedía a quien estuviera incomodando que se retirara, o sea que si sólo yo me quejaba, no habrían hecho nada.

Entiendo que lo último que quieren los cines es que tengas la noción de que te pueden sacar a la hora que se les de la gana, eso es mala publicidad. Pero según sus "reglas" se necesita que dos personas o más, se levanten de su asiento, salgan de sala, busquen a un empleado y reporten a la persona, todo esto mientras se pierden la película, para poder hacer algo al respecto. La otra alternativa es que tomes el asunto en tus propias manos a riesgo de que seas tú a quien saquen de la sala.

Si les toca la mala suerte y se encuentran este tipo de gente en el cine, lo peor que pueden hacer es quedarse callados, mientras nadie les diga nada ellos seguirán comportándose de la misma manera, desafortunadamente tendremos que entrar en conflictos ocasionalmente, pero eso asegura que no se repita y que los mismos cines empiecen a poner más atención. Al final somos más los que sabemos comportarnos y exigimos respeto y si somos mayoría nuestro dinero les pesará más a los cines. Creo...


Serge


PD: No hay review de Harry Potter porque la tengo que ver de nuevo y es que, en serio, ni le pude poner atención.


lunes, noviembre 01, 2010

Un disfraz incomprendido.

¡Que bonito es Halloween! Es la noche en que volvemos a ser niños, que podemos pretender que somos nuestro héroe, la noche en que podemos demostrar hasta donde llega nuestra creatividad (y nuestro presupuesto) y recordamos nuestra infancia pidiéndole dulces a los vecinos. Es también la noche en que las mujeres se visten de las versiones putas de las cosas.

Desde que recuerdo ha existido ese debate de que Halloween ni siquiera es una celebración mexicana y que lo que se hace en Halloween simbólicamente es adorar a Satanás y que eso pues, es cosa del diablo.

Arriba: La encarnación suprema del mal.

Yo no le veo lo malo en disfrazarse una noche y divertirse, hasta los padres usan sotana para oficiar misa y a mí me resulta bastante divertido el hecho de andar por la vida en la piel de tu personaje favorito, así que yo lo único que veo es diversión sana.

Desde hace unos 6 años, cada año me disfrazo, en una ocasión especial en 2008 usé dos disfraces diferentes. Siempre trato de que sea algo original, creativo y sobre todo, evito que sea genérico para que no vaya a pasar que hayamos 20 personas con el mismo pinche disfraz.

Este año mi disfraz implicaba un poquito más que eso. Hace un año se estrenó una película que, desafortunadamente, pasó desapercibida en México: Where the wild things are o Donde viven los monstruos como le pusieron en español.


Si este poster no hace volar su imaginación, están muertos por dentro.

La película está basada en un libro para niños del mismo nombre, el protagonista se llama Max. Max tiene una pelea con su mamá y se escapa de su casa, navega en un bote hasta encontrar una isla donde viven los monstruos que al principio se lo quieren comer, pero al final no se lo comen y lo convierten en su rey. El director Spike Jonze ha declarado que no es una película para niños, sino una película sobre la infancia.

Max en realidad es ese niño que ya ninguno podemos ser, es ese niño que alguna vez fuimos y cada monstruo no es más que una parte de la personalidad de Max. Está el monstruo feliz, el monstruo triste, el que nadie escucha, el que sólo hace desmadre, el caprichoso, el berrinchudo, el malo y tambien uno sensato.

Por eso elegí disfrazarme de Max, porque no hay mejor personaje que defina todo eso que me gusta del Halloween, eso de volver a ser como niño y divertirte con tus amigos, jugando a ser alguien más.



Sana diversión.


No es por pretensión, ni es un pretexto más para pistear, no los necesito, realmente me gusta el Halloween y me encanta que haya gente en este mundo que me haga segunda en ese día. Además, en realidad son sólo unas cuantas horas y al final de la noche se acaba la magia y sólo quedan los recuerdos.


Arriba: Magia terminada.


Perdóname Dios mío por mi disfraz tan hipster...


Serge.