sábado, octubre 16, 2010

Sergio decide hacer de comer.

Este sábado no tuve que ir a la oficina, así que quise compensar mi falta de actividad laboral metiéndome a la cocina a hacer unos deditos de pescado.

Antes tengo que aclarar que yo tengo cero paciencia para la cocina, también tengo que decir que el pescado me lo dejaron preparado y ya con la pasta esa, listo para realizar la "sencilla" tarea de freírlos.

Mi primer error tal vez, fue esperarme hasta tener hambre para ponerme a freír el pescado, mi paciencia en estado normal de por sí es poca, ahora añádanle que para cuando me metí a la cocina, me estaba muriendo de hambre.

Ya tenía todo listo, el sartén, el aceite, tenazas, espátula, el pescado con la pasta, sólo debía prender la estufa y esperar a que se calentara un poco el aceite. Fácil. Prendí la estufa, deje el sartén en su lugar ya con el aceite y me alejé unos momentos, "en lo que se calentaba". Regreso unos minutos más tarde y ¡oh sorpresa! la parrilla está apagada, hago el intento de prenderla nuevamente. No hay gas...

No hay problema, les hablo a los del gas y mientras ahí están los vecinos, traslado todos mis utensilios a otra cocina donde si había gas, se empieza a calentar el sartén y todo bien, me arrimo para poner la primera pieza de pescado y ¡ Tómala! Lo vi todo en cámara lenta, una gota de aceite caliente se levanta del sartén, surca los cielos y encuentra un lugar para caer justo en mi nariz. Pausa. Dolor, mentadas de madre, mirada borrosa.

Me dijo mi vecino que muy probablemente el pinche sartén tenía agua porque el aceite empezó a brincar, me recuperé y tiré pedazos de pescado a freír, pinches tenazas super cortitas. Se me quemaron ambas manos.

Llegó el del gas y mandé a mi hermana a que le pagara mientras sacaba los primeros pedazos mal cocidos del aceite, los puse en un platito a que escurrieran toda la grasa, pasa mi vecino y en un movimiento que aún no logro entender, tira el plato y todos los pedazos de pescado van a dar al suelo. Mi grito de odio en contra de mi vecino es ahogado por una gota de aceite que me cae en el pie.

Más por que ya terminara mi pesadilla que por gusto, terminé de freír todas las piezas de pescado que había, con sus respectivas quemadas en la mano obviamente. Calenté tortillas y me senté a comerme unos tacos de pescado que, en el fondo, yo sabía no estaban tan buenos.

El resultado fue una comida mediocre, con quemadas en las manos, la nariz y el pie derecho, unos pesos menos en la bolsa y aparte tuve que limpiar trastes y todo el cochinero que quedó, pinches tacos malos ni valió la pena tanto pinche pedo.

Moraleja: Sergio no te metas a la cocina. No tienes talento culinario y además ensucias todos los trastes para hacer tres pinches tacos malos.


The SeRGe