Te voy a cambiar el nombre, pinche blog de a tres pesos. Voy a dejar atrás el nombre pocho que te puse alguna vez, cuando estaba chavo y se me hacía fácil.
Ahora te llamas Ignifugario.
¿Por qué? Sepa la chingada. Se oye bonito, me gusta y es paradójico.
Proviene de esta palabra que me hallé en la RAE:
Imaginen un lugar que te proteja contra el fuego, que no se pueda quemar, eso mero es un ignifugario. Y eso precisamente es este blog: Una recopilación de cartas, cuentos, anécdotas, pedradas y demás alimentos para el ego (el mío y el de otras personas) que jamás podrá ser quemado.
Si bien puede ser eliminado o borrado, no podrá ser por medio del fuego y eso de alguna forma, me reconforta.
Sergio.
