Tuve un sueño en el que estaba dentro de una enorme siderúrgica, estaban fabricando armamento para algún gran ejercito.
El aire se llenaban de humo negro que subía en espirales cegadores, un fulgor rojizo surgía de cualquier lugar a donde mirara y el calor era agobiante. Pero mi pecho, de alguna manera, se llenaba de orgullo; en este sueño no había preocupaciones por el medio ambiente, lo único que importaba era la producción.
La visión del sueño fue corta, pero conmigo se quedo ese sentimiento de estar haciendo algo de valor, se sentía como si no solamente estábamos construyendo algo material, sino que estábamos construyendo el alma de una nación, su fuerza de voluntad, sus puños de acero para no dejar que nada ni nadie lo aplastara.
Comprendo ahora como algunos hombres de la historia se volvieron locos de poder, es imposible pararse frente a esta gran máquina y no sentir que se puede doblegar al mundo a la propia voluntad.