Mi concepto de Divinidad es un mosaico incompleto y está lleno de pedazos y retazos de otras doctrinas y creencias. Soy católico por tradición, mi familia es católica y esa es la religión que me inculcaron; estoy bautizado, fui al catecismo e hice mi primera comunión. Así que la religión católica vendría a ser mi base en lo divino, aunque sólo me haya confesado dos veces y comulgado tres en toda mi vida.
A través de los años, me he percatado de lo incongruente que son las religiones y he ido formando mis propias ideas sobre Dios; recuerdo que la primera fue qué, si Dios está en todas partes, ¿Por qué tenemos que ir a un edificio especial cada semana para estar cerca de Él? No es mi intención criticar a aquellas personas que son creyentes y que van a misa cada domingo, sólo intento explicar cómo llegue a mi pensamiento actual sobre la religión.
Después empiezas a ver películas, a leer libros o a involucrarte con personas que cuestionan su realidad y la tuya. Cada historia, ya sea en una película o un libro, provienen de la mente de una persona; cada idea que cuestione nuestra realidad surge de un ser humano como nosotros. Y como seres humanos, tenemos derecho a poner en duda cualquier teoría que nos pongan en frente o a tomar de ella la parte que, a nuestro parecer, tenga sentido.
Así es como forjé mi idea sobre Dios y la divinidad, una idea que es más bien una mezcla de la religión católica, el concepto del Karma y la creencia de que cada uno de nosotros tiene un toque de divinidad por dentro. Algo así como que si Dios nos hizo a su imagen y semejanza, entonces todos tenemos algo de dioses, tal vez a menor escala.
Pero no importa que tanto lea, que tanto sepa o que tantos descubrimientos científicos develen los misterios del universo, prefiero crearme mi propio concepto de un ser supremo. Estoy consciente que en el mundo hay personas 100% convencidas de que no existe un Dios y que todo se rige por el azar; pensar de esa manera me causa una ansiedad indescriptible; por el momento estoy cómodo con mi creencia.
Hace unos años descubrí el I Ching, los que no sepan a que me refiero pueden averiguarlo acá. Cuando descubres algo como el I Ching, no te sorprendes para nada, primero lo ves como algo curioso, después como algo interesante; después te das cuenta que ha existido por más de 2500 años y que la filosofía que hay detrás es vasta. No fue sino hasta que leí la saga de La Materia Oscura de Philip Pullman, que empecé a tomar interés en el libro de las mutaciones. De todos los lugares en que pude haber encontrado confirmación de que el universo está en constante comunicación con nosotros, la fui a encontrar en un libro etiquetado "Para niños".
Y así es como voy tomando pedazos de aquí y de allá para crear mi propia deidad, en la escuela descubrí que a eso se le llama fetichismo, sin ninguna connotación sexual, sólo significa que vamos modificando a Dios hasta que lo adaptamos a nuestras necesidades y justificaciones.
Parte importante de mis creencias es que el karma existe y que si uno obra mal, recibirá su castigo de acuerdo a la magnitud de sus acciones; pero hace unos días, consulté el I Ching y encontré algo que llamó mi atención en el trigrama número 51, básicamente explica que los problemas y las desgracias son una consecuencia natural de nuestros errores, nunca de nuestras culpas. Vivir con temor al Karma es pensar que nuestras desgracias son consecuencias de nuestras culpas y que, en consecuencia, debemos expiar nuestras, malas acciones para deshacernos del sentimiento de culpa. Lo que entendí del I Ching es que debemos deshacernos de la culpa completamente y corregir nuestros errores, eso es lo que soluciona las cosas, las acciones y no sólo afligirse al respecto.
Tomar responsabilidad por nuestros errores implica una acción, ya sea que ésta lo solucione o no. El sentimiento de culpa es algo que tenemos ya tan arraigado en nuestra idiosincrasia que es difícil separar una cosa de otra, pero uno puede sentirse culpable por algo sin hacer nada al respecto para remediarlo, esa es la gran diferencia.
Y ya para cerrar todo esto, en el mismo trigrama 51, el I Ching nos recuerda que también debemos tener en cuenta, que las desgracias tienen el tamaño y la fuerza que nosotros les damos.
Sergio.