martes, noviembre 30, 2010

Dulce Culpa

Venía en el camión del trabajo a la casa, cuando de repente se sube a pedir dinero uno de esos que supuestamente representa a algún centro de rehabilitación patito.

Después de saludar y pedir perdón por molestarnos, con ese tono golpeado que los caracteriza, se puso a repartir dulces, mientras decía una y otra vez que los dulces eran regalados. Yo, educadamente, rechacé su dulce regalado, un chavo al lado mío si se lo aceptó y no uno ni dos, eran como cinco.

Después del choro genérico de que gracias a Dios que lo salvó, a la ayuda del centro de rehabilitación equis y a la generosidad de nosotros los pasajeros del transporte público, pasó a nuestros lugares por la cooperación.

Yo busqué en mi bolsillo ya tenía listos los tres pesotes que le iba a dar, pero cuando el ex adicto llegó a mi lugar, el chavo que estaba a mi lado quiso regresárle los dulces y él muy seriamente le dijo que había sido un regalo. Se ofendió tanto que cuando yo hice el gesto de darle los tres pesos, se volteó y me ignoró, pero le doy el beneficio de la duda de que en realidad no me haya visto.

El ex adicto se bajó del camión, dejando atrás un silencio incómodo, volteé a ver al chavo que se quedó con los dulces en la mano, hizo un movimiento como de abrir un dulce y yo sonreí. Inmediatamente después cesó su intento de abrir el dulce, ahí comprendí que lo tenía a mi merced. Mientras yo siguiera a su lado, él no podría comerse un sólo dulce, ni siquiera abrirlo y mucho menos tirarlo.

Se le veía el nerviosismo en la mirada, mi sonrisa burlona tampoco ayudaba mucho. No lo disfruté tanto como hubiera querido porque ya me tocaba bajarme. Dudo mucho que se los coma, lo más seguro es que los tirará; pero en el caso de que sí se los coma no va a poder disimular el fuerte sabor a culpa que tendrán.


Serge.

1 comentario:

Clasificados dijo...

Gracias por el post