lunes, noviembre 01, 2010

Un disfraz incomprendido.

¡Que bonito es Halloween! Es la noche en que volvemos a ser niños, que podemos pretender que somos nuestro héroe, la noche en que podemos demostrar hasta donde llega nuestra creatividad (y nuestro presupuesto) y recordamos nuestra infancia pidiéndole dulces a los vecinos. Es también la noche en que las mujeres se visten de las versiones putas de las cosas.

Desde que recuerdo ha existido ese debate de que Halloween ni siquiera es una celebración mexicana y que lo que se hace en Halloween simbólicamente es adorar a Satanás y que eso pues, es cosa del diablo.

Arriba: La encarnación suprema del mal.

Yo no le veo lo malo en disfrazarse una noche y divertirse, hasta los padres usan sotana para oficiar misa y a mí me resulta bastante divertido el hecho de andar por la vida en la piel de tu personaje favorito, así que yo lo único que veo es diversión sana.

Desde hace unos 6 años, cada año me disfrazo, en una ocasión especial en 2008 usé dos disfraces diferentes. Siempre trato de que sea algo original, creativo y sobre todo, evito que sea genérico para que no vaya a pasar que hayamos 20 personas con el mismo pinche disfraz.

Este año mi disfraz implicaba un poquito más que eso. Hace un año se estrenó una película que, desafortunadamente, pasó desapercibida en México: Where the wild things are o Donde viven los monstruos como le pusieron en español.


Si este poster no hace volar su imaginación, están muertos por dentro.

La película está basada en un libro para niños del mismo nombre, el protagonista se llama Max. Max tiene una pelea con su mamá y se escapa de su casa, navega en un bote hasta encontrar una isla donde viven los monstruos que al principio se lo quieren comer, pero al final no se lo comen y lo convierten en su rey. El director Spike Jonze ha declarado que no es una película para niños, sino una película sobre la infancia.

Max en realidad es ese niño que ya ninguno podemos ser, es ese niño que alguna vez fuimos y cada monstruo no es más que una parte de la personalidad de Max. Está el monstruo feliz, el monstruo triste, el que nadie escucha, el que sólo hace desmadre, el caprichoso, el berrinchudo, el malo y tambien uno sensato.

Por eso elegí disfrazarme de Max, porque no hay mejor personaje que defina todo eso que me gusta del Halloween, eso de volver a ser como niño y divertirte con tus amigos, jugando a ser alguien más.



Sana diversión.


No es por pretensión, ni es un pretexto más para pistear, no los necesito, realmente me gusta el Halloween y me encanta que haya gente en este mundo que me haga segunda en ese día. Además, en realidad son sólo unas cuantas horas y al final de la noche se acaba la magia y sólo quedan los recuerdos.


Arriba: Magia terminada.


Perdóname Dios mío por mi disfraz tan hipster...


Serge.

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