Oh, la nostalgia. La añoranza de algo que no se puede tener. La estupidez.
Mi "inquebrantable" fuerza de voluntad y yo, habíamos decidido mandar al carajo a cierta morena que no hacía más que subirse el ego con nosotros. Fue una decisión unánime y definitiva.
Hay, ajá.
Esta tarde recibí una llamada de un número desconocido, contesté y escuché mi nombre en la voz de mi vecina-casi hermana. Pero por un ínfimo instante, por una pequeñísima fracción de segundo, su voz se pareció tanto a la de Ella y me dio un mini paro cardíaco.
¿No qué no, cabrón?
Pinche corazón traicionero y pendejo. Estoy pensando muy seriamente aventarme un segundo round.
Alguien pinche deténgame, chingado.
Sergio.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario