Como a la mayoría de mis DVD's pareciera que los usaron para lavar el baño y están mas rayados que la mamá de George Bush, ayer me decidí comprar un coso de esos para limpiarlos o pulirlos o lo que sea que les hacen para que se vean bien y yo no terminé aventándole chingaderas a la pantalla del coraje cada vez que se traba o congela la imagen.
Saliendo de la chamba fui a Office Max a buscar el chunche ese. Yo nunca había ido a Office Max desde que lo abrieron hace poco, es como un Office Depot, pero mas oscuro y la gente que trabaja ahí es todavía mas pendeja; pero bueno, encontré la cosa esa que andaba buscando y me dirigí a la caja a pagar. Me puse a hacer fila en lo que la vieja de la caja mandaba a otra vieja a checar el precio de un mouse que no salía en el sistema. Estaba yo ahí parado con un gesto de "Apúrate Pendeja", cuando de repente se me ocurre voltear y a mi espalda había un contenedor con un chingo de dulces y chocolates, cosas de esas que estratégicamente ponen ahí para antojarte mientras la cajera te atiende, y así termines dejándoles más dinero del que inicialmente les ibas a dejar.
Fue ahí donde los vi, en un estante de los de hasta abajo, sonriéndome, y yo les sonreía también. Después de tantos y tantos años de búsqueda, una tarde cualquiera por fin los encontré, fue un momento mágico en el que el mundo se detuvo por un instante, donde por un momento fui niño otra vez:

Dejando de lado todas las connotaciones y referencias a la cultura Gay que se les pueda venir a la mente con solo ver esta imagen, dejenme decirles que los Skittles son unos dulces bonísimos, con cubierta de dulce de varios sabores y un centro masticable que, en mi niñez fueron parte de mi dieta diaria. Tenía años que no los probaba, los mismos años que tenía buscándolos desde que los dejaron de vender en el Gutierrez Rizo y en las CMQ's. Los que me conocen bien saben que anduve como loco buscándolos y nunca tuve éxito, alguien me dijo que había en PartyLand, pero cuando fui ya no había y otra vez me dijeron que en el Soriana del Pitillal vendían y cuando fui lo único que encontré fue una mentada de madre del destino en la forma de una envoltura vacía y pisoteada en el estacionamiento.
Ya me había rendido en mi búsqueda, ya había perdido la esperanza y ayer la vida me sorprendió, compré 2 paquetes, los llevé a mi casa y los devoré. Tuve un Sugar Rush como no lo había tenido en años y fui feliz, por unos momentos fui un mocoso otra vez.

© The SeRGe
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